In your face diría alguno. Como sabrán, luego del 28 de junio se esperaban cambios en puestos del Gobierno. Cristina dijo que no veía que por perder una elección legislativa debía cambiar el gabinete, bueno, dijo una tremenda boludez (para que no digan que uno es K y todo eso, uno trata de aproximarse a la realidad, a lo que pasa, a hacer los hechos inteligibles, y para eso tiene que ver cómo son las cosas, no como le gustaría que fueran, cosa que no es avalar que las cosas sean así, sino entender por qué pasan esas cosas, entonces, dar razones de por qué el gobierno hizo tal o cual cosa no es ser kirchnerista). Porque es un ABC de la política que si perdés tenés que cambiar algo.
Bueno, obviamente que los cambios apuntaban a que se saque gente K y a meter gente de otros proyectos políticos. Por eso todo el arco de la oposición (política y mediática) pedían la renuncia de Jaime, Moreno y De Vido, principalmente. Todos del riñón K, la pata más dura del proyecto desarrollista-industrialista-estatal. Lamentablemente para ellos no fue así. El kirchnerismo no solo no leyó la derrota como quería que la leyera la oposición, es decir, como “derechización” de los argentinos, como un “no a la profundización del modelo”, como la petición de “un cambio en la forma de gobierno”, sino que la leyó como debía, “sino profundizo no me acompaña nadie y si no me acompaña nadie volvemos a los ’90”.
Esto, entendiendo que un cargo político, un puesto institucional significa una mediación política, si una persona está ahí es porque media y expresa a cierto o ciertos sectores económico-sociales. Si Montoto está en el Ministerio de Economía no está en representación de Montoto o de su familia o de sus amigos, ni tampoco de toda la sociedad, de todos y cada uno de los seres vivos que habitan el país, sino de un sector que lo puso ahí para que impulse determinado proyecto político (volveré sobre esto en otro post).
Entonces, como la elección es una medición de fuerza, donde unos ganan y otros pierden, el que gana, que es porque acumuló, antes de esa elección, determinada fuerza social que lo vuelve dominante en términos de legitimidad, debería imponer al perdedor sus políticas, sus ideas, su “consenso”, su “diálogo”, su proyecto. Y qué mejor forma de hacerlo que mediante la presencia de gente suya en cargos administrativos del Gobierno (el Gabinete, sobre todo, ya que fue elección legislativa, no ejecutiva). Por eso es que no estábamos locos y luego del domingo 28-J veíamos a todos los políticos pidiendo renuncias, con nombre y apellido. No fue porque habían ganado una elección ejecutiva, sino que habían dado una correlación de fuerza y la querían hacer efectiva.
Bien, pero no fue así porque no siempre es así. No fue porque no siempre es así. Sabemos que en una disputa cuando alguien se ve en desventaja pasan dos cosas, o se termina cediendo a las peticiones del otro o uno decide no ceder a nada y generar la ruptura. Y esto es aplicable a cada momento de la vida. Imaginemos una relación amorosa, la chica pide formalizar una relación, el chico puede acceder, lo que luego devendría en otras peticiones de la chica, peticiones implícitas en esa formalización, como ser: no salir con otras personas (fidelidad), visitar a los padres y familiares, verse más seguido, salir para hacer otras cosas, etc. Es decir, todo lo que implica un noviazgo. Ahora, el chico puede decir que no, lo que puede generar el enojo de la chica y la ruptura de la relación, o, bien, ante el temor de la ruptura por parte de la chica, ésta puede retrotraerse y ceder todo el terreno al chico, que no solo no accede a la petición sino que además se ve en condiciones de ser él que pida o poner sus condiciones.
Y esto último parece que podría pasar. No solo no se fueron De Vido y Moreno, sino que los cambios son de la gente más lejana a Kirchner. Se va del Ministerio de Salud Ocaña (más ligada a Alberto Fernández, la pata más financiera del kirchnerismo) y viene Manzur (más cercano, seguramente, a Moyano, la pata laborista, núcleo duro de Kirchner), se va de Transporte Jaime (núcleo duro de Kirchner) pero asume Schiavi (muy cercano a De Vido). Y ayer se fueron Fernández (kirchnerista, pero un cuadro técnico, más que político) en Economía por Boudou (fue el que promovió la estatización de las AFJP, al parecer del riñón de Kirchner ahora, habrá que ver porque era más cercano a Massa, pero se ve que se disciplinó, igual está con marca personal), Aníbal Fernández (re mil K) por Massa (más vinculado a los sectores de la Iglesia) como Jefe de Gabinete, Alak (este es del riñón de Cristina, promovió al estatización de Aerolíneas) a Justicia, Recalde (Moyano) a Aerolíneas y Bossio (K) a la ANSES y Coscia (INCAA, fue el que promovió todo el desarrollo de películas nacionales) a Cultura.
O sea, como titula Clarín, “Gabinete Ultra K”. Y esto es lo lindo, y no soy masoquista, ver cómo operan los distintos medios. Construyendo así, el hecho, y formando nuestra opinión al respecto. Porque uno que no se informa mucho pero es medio anti-K escucha cambios y a priori dice “qué bueno”, pero luego lee Clarín y ve lo que ve y ahí cambia su humor.
Dijo Biolcatti (SRA) sobre el cambio de Gabinete, “No he visto ningún cambio; no se cambió nada. Vi el alejamiento de los menos kirchneristas. Es una decisión de profundizar el modelo”. Dice Inmorales Solá (La Nación), “No se fueron Julio De Vido ni Guillermo Moreno. Aníbal Fernández, el vocero más confiable que tuvo Néstor Kirchner en los últimos años, fue ascendido. Amado Boudou, un complaciente ejecutor de las órdenes del ex presidente, se encaramó al Ministerio de Economía. Julio Alak, uno de los espadachines de Kirchner para lograr la estatización de Aerolíneas Argentinas, también escaló hasta llegar al Ministerio de Justicia. La conclusión no puede ser otra que la de un gobierno cada vez más encerrado en sí mismo”. Dijo Morales (UCR), “el kirchnerismo puro está intacto”. Dice Clarín, “Más allá de las salidas, todos los cargos renovados quedaron en manos de los que pueden llamarse soldados fieles de la gestión K”.
Y, lo que debiera ser otro ABC de nuestra vida, como todo lo que es malo para Clarín, La Nación y la Sociedad Rural, es bueno para nosotros, esta es una buena noticia. Parece ser que el gobierno no va a dar el brazo a torcer. Por lo cual, si vamos viendo lo que van diciendo desde la oposición (donde hay muchas cosas interesantes, muchas perlitas), preparémonos para la ruptura.
Bueno, obviamente que los cambios apuntaban a que se saque gente K y a meter gente de otros proyectos políticos. Por eso todo el arco de la oposición (política y mediática) pedían la renuncia de Jaime, Moreno y De Vido, principalmente. Todos del riñón K, la pata más dura del proyecto desarrollista-industrialista-estatal. Lamentablemente para ellos no fue así. El kirchnerismo no solo no leyó la derrota como quería que la leyera la oposición, es decir, como “derechización” de los argentinos, como un “no a la profundización del modelo”, como la petición de “un cambio en la forma de gobierno”, sino que la leyó como debía, “sino profundizo no me acompaña nadie y si no me acompaña nadie volvemos a los ’90”.
Esto, entendiendo que un cargo político, un puesto institucional significa una mediación política, si una persona está ahí es porque media y expresa a cierto o ciertos sectores económico-sociales. Si Montoto está en el Ministerio de Economía no está en representación de Montoto o de su familia o de sus amigos, ni tampoco de toda la sociedad, de todos y cada uno de los seres vivos que habitan el país, sino de un sector que lo puso ahí para que impulse determinado proyecto político (volveré sobre esto en otro post).
Entonces, como la elección es una medición de fuerza, donde unos ganan y otros pierden, el que gana, que es porque acumuló, antes de esa elección, determinada fuerza social que lo vuelve dominante en términos de legitimidad, debería imponer al perdedor sus políticas, sus ideas, su “consenso”, su “diálogo”, su proyecto. Y qué mejor forma de hacerlo que mediante la presencia de gente suya en cargos administrativos del Gobierno (el Gabinete, sobre todo, ya que fue elección legislativa, no ejecutiva). Por eso es que no estábamos locos y luego del domingo 28-J veíamos a todos los políticos pidiendo renuncias, con nombre y apellido. No fue porque habían ganado una elección ejecutiva, sino que habían dado una correlación de fuerza y la querían hacer efectiva.
Bien, pero no fue así porque no siempre es así. No fue porque no siempre es así. Sabemos que en una disputa cuando alguien se ve en desventaja pasan dos cosas, o se termina cediendo a las peticiones del otro o uno decide no ceder a nada y generar la ruptura. Y esto es aplicable a cada momento de la vida. Imaginemos una relación amorosa, la chica pide formalizar una relación, el chico puede acceder, lo que luego devendría en otras peticiones de la chica, peticiones implícitas en esa formalización, como ser: no salir con otras personas (fidelidad), visitar a los padres y familiares, verse más seguido, salir para hacer otras cosas, etc. Es decir, todo lo que implica un noviazgo. Ahora, el chico puede decir que no, lo que puede generar el enojo de la chica y la ruptura de la relación, o, bien, ante el temor de la ruptura por parte de la chica, ésta puede retrotraerse y ceder todo el terreno al chico, que no solo no accede a la petición sino que además se ve en condiciones de ser él que pida o poner sus condiciones.
Y esto último parece que podría pasar. No solo no se fueron De Vido y Moreno, sino que los cambios son de la gente más lejana a Kirchner. Se va del Ministerio de Salud Ocaña (más ligada a Alberto Fernández, la pata más financiera del kirchnerismo) y viene Manzur (más cercano, seguramente, a Moyano, la pata laborista, núcleo duro de Kirchner), se va de Transporte Jaime (núcleo duro de Kirchner) pero asume Schiavi (muy cercano a De Vido). Y ayer se fueron Fernández (kirchnerista, pero un cuadro técnico, más que político) en Economía por Boudou (fue el que promovió la estatización de las AFJP, al parecer del riñón de Kirchner ahora, habrá que ver porque era más cercano a Massa, pero se ve que se disciplinó, igual está con marca personal), Aníbal Fernández (re mil K) por Massa (más vinculado a los sectores de la Iglesia) como Jefe de Gabinete, Alak (este es del riñón de Cristina, promovió al estatización de Aerolíneas) a Justicia, Recalde (Moyano) a Aerolíneas y Bossio (K) a la ANSES y Coscia (INCAA, fue el que promovió todo el desarrollo de películas nacionales) a Cultura.
O sea, como titula Clarín, “Gabinete Ultra K”. Y esto es lo lindo, y no soy masoquista, ver cómo operan los distintos medios. Construyendo así, el hecho, y formando nuestra opinión al respecto. Porque uno que no se informa mucho pero es medio anti-K escucha cambios y a priori dice “qué bueno”, pero luego lee Clarín y ve lo que ve y ahí cambia su humor.
Dijo Biolcatti (SRA) sobre el cambio de Gabinete, “No he visto ningún cambio; no se cambió nada. Vi el alejamiento de los menos kirchneristas. Es una decisión de profundizar el modelo”. Dice Inmorales Solá (La Nación), “No se fueron Julio De Vido ni Guillermo Moreno. Aníbal Fernández, el vocero más confiable que tuvo Néstor Kirchner en los últimos años, fue ascendido. Amado Boudou, un complaciente ejecutor de las órdenes del ex presidente, se encaramó al Ministerio de Economía. Julio Alak, uno de los espadachines de Kirchner para lograr la estatización de Aerolíneas Argentinas, también escaló hasta llegar al Ministerio de Justicia. La conclusión no puede ser otra que la de un gobierno cada vez más encerrado en sí mismo”. Dijo Morales (UCR), “el kirchnerismo puro está intacto”. Dice Clarín, “Más allá de las salidas, todos los cargos renovados quedaron en manos de los que pueden llamarse soldados fieles de la gestión K”.
Y, lo que debiera ser otro ABC de nuestra vida, como todo lo que es malo para Clarín, La Nación y la Sociedad Rural, es bueno para nosotros, esta es una buena noticia. Parece ser que el gobierno no va a dar el brazo a torcer. Por lo cual, si vamos viendo lo que van diciendo desde la oposición (donde hay muchas cosas interesantes, muchas perlitas), preparémonos para la ruptura.
